No llega el agua amarga en estas horas
Que caen de tus mejillas, inocente
Y dulce noche amada, si en tu frente
Me pides en un beso que me añoras.
El mundo se estremece cuando lloras
Y el cielo llueve en blanco transparente
Si sólo en tu sentir está su fuente
Eterna, inagotable y sin demoras.
Eleva, pues, tu vista, sin distancias,
Y cruza con tus ojos este cielo
Sin pobre telescopio o medio paso,
Que no nos vencerán las circunstancias
Y no nos detendrán en nuestro vuelo
Las horas que nos guarden el ocaso.