En Castilla no hay un cielo,
Pues cayó de la tormenta
De mis ojos más violenta
Al clavarse contra el suelo
Con el rayo, a cuyo vuelo
Quedó escrito en la pupila
Un destello donde enfila
Su desgarro en la mirada;
Y aunque ya no quede nada
Queda un ánima intranquila.
Hoy de nuevo este puñal
Hiere el cielo destejido
Y secuestra este sentido
De la vista, que abre en sal;
Mientras cae tras el umbral
Otro cielo más lejano
Que aquel cielo castellano,
De tormenta ya vencida
Cuyo trueno nunca olvida
En la tinta de la mano.
Nunca dejo de escribirte
Su silencio en poesía,
Si te escribo todavía
Lo que no puedo decirte
Sin distancias, al sentirte
Tan lejana, si en tu frente
Ya ha caído cada puente
Que a tu lado me acercaba,
Si hoy mi letra es sólo esclava
De un suspiro muy paciente.
En mi voz sigo sincero,
Si tan leve al esperarte
Me susurro bien aparte
Que entre los versos espero;
Y después siento que muero
Cuando te veo besar
Otro cielo de otro mar,
Aunque en el poema calla
Lo que al sentimiento estalla
Y yo no puedo acallar.
Ahora vives por aquel,
Dibujando en la planicie
De emociones la molicie
Que has desatado por él,
Mientras bebes de la miel
De sus labios, y en consuelo
Te refugias en el duelo
Que te aleja en el vacío.
Sólo queda un fuego frío
Donde ayer había anhelo.
En sus brazos tal vez celas
Tan feliz este momento.
Poco importa lo que siento.
Sólo importa que ahora vuelas
Persiguiendo las estelas
Que te llevan al futuro,
Abrazándote al seguro
Cielo en blanco, ni una nube
Que recuerde que sostuve
Lo que sentiste tan puro.
Puede que nunca regrese
Aquella luz que tuvimos,
Si acaso, alguna vez, fuimos.
Quizá mi pluma no cese
De escribirte cuando pese
El murmullo de tu ausencia,
Y tal vez es inocencia
Ensoñar que la distancia
Se recorta en resonancia
De apagada incandescencia.
Esperanzas que no importan
Cuando tal vez ya me olvidas.
Sé muy bien que en otras vidas
Otras estrellas aportan
Otra luz, y aunque me cortan
Como rocas afiladas
Estas letras escarpadas,
Ya no sangro cuando escribo
Silencioso el verso esquivo
De las lágrimas veladas.
Ya no escribo cuánto añoro
Sostenerte entre mis brazos
Dibujando entre los trazos
De tu rostro, en este coro,
Tu sonrisa, que atesoro
De un recuerdo tan querido;
Sólo escribo en el olvido
Lo que pierdo al recordarte
Porque no podré olvidarte
Aunque ya te haya perdido.