Qué extraño es el reflejo en la laguna
Tan puramente clara y apacible
Más cálida y tranquila que ninguna
Oculta entre las líneas, invisible,
Si nace de una risa por la luna
Un eco murmurado inconcebible
Al roce inesperado de la pluma
Rompiendo este reflejo entre la espuma.
Qué suave es el descenso que conlleva
Abrir en estas aguas el profundo
Abismo de los astros, cuya prueba
Es el umbral que anuncia el inframundo;
Extraño descender, si al tiempo eleva
El verso en este deshacer rotundo,
Ruptura de este cuerpo con el alma
En la pequeña muerte, dulce calma.
Qué bravas romperán todas las olas
Tan altas, coronando en una torre
Brillando sobre un campo de amapolas
Teñidas al color que el sol recorre
Si rompe el horizonte, si caen solas
Y el astro con su beso las socorre
Bañando cada cresta en otro rayo
Siguiéndole la noche en su desmayo.
¿Qué guarda lo que rompe cada nudo
Si ya no queda línea desatada,
si todo desvanece en este mudo
Y extático estallido hacia la nada?
¿Acaso es lo que ya rompió el agudo
Cincel que dio tu forma deseada
Al toque en cada surco que te abra
Rompiendo de la voz cada palabra?