Aunque este no será mi primer verso
Hoy es diciembre, y llueve todavía.
Un tren pasa, se quiebra por su arrullo
La lluvia, y la desnuda con su brisa,
Acalla en el murmullo el ronco llanto,
La abraza con pasión, después la olvida.
Sé que no es el primer verso que escribo,
Tampoco es esta mi primera vida.
No se pierde en la niebla el blanco y puro
Susurro de una luna que no mira
Si el cálido destello que lo lleva
Varando entre las nubes se vacía
Y deja un eco leve, sin presencia,
De un pálido incoloro cuando vibra:
Son lágrimas que esconden en la lluvia
Las lágrimas que escriben poesía.
No escucho, cuando llora esta tormenta,
Los versos que a tus labios escribía.
Quizá ya se marcharon con sus aguas
Los ríos desbocados de su tinta
Cayendo de este cielo destejido,
Callando una incesante despedida
Al paso de algún trueno en que rebrama
El tren que se despide cada día.
No escucho entre la voz de las mareas
Las olas que dejaron en la orilla
Las viejas voluntades del pasado,
Ni el viento, cuya estela perseguían;
No quedan en la arena ni los pasos
Ni trazos del recuerdo en la pupila,
Tampoco el alma, ciega su mirada
A todo lo que fue y ahora despira.
Y tal vez hoy un último poema
Recuerde que es diciembre, y no lo escriba,
Si llueve en las palabras que no digo
Y llueve bajo el tren, entre las vías;
Y tal vez ya no escriba transparente
Vencido por el tiempo, aunque decida
Perderme en escribir mi último verso
A aquella que perdió mi última vida.