¿Eres deliberadamente cruel?
¿Disfrutas rebuscando entre las fosas
los restos de poetas innombrados
rompiéndoles los huesos y sorbiendo
el tuétano, raíz desencarnada?
¿Aunque griten, y lo hagan suplicando,
temblando hasta rasgarse las costillas,
dejando al descubierto
como un cerdo colgado boca abajo
el hueco que tú ocupas?
¿Absorbes de esa poca humanidad
la misma que careces?
¿Es este tu alimento?
¿Acaso te alimentas de crueldad?
¿O sólo es el colmillo venenoso
que punza tus heridas?
Poco importa que sea
otro poeta imbécil, proclamado
guerrero de la paz.
La poesía, dices,
es un arma cargada de futuro.
¿Pero qué sabrás tú de poesía
si no tienes clemencia,
y fusilas impune
a todo el que se acerca a tu alambrada?
Tu voz es una bomba
de construcción masiva,
pero en tu boca escribes cataclismos.
Decides ser volcán,
y arrasas las ciudades del amor
en flujos piroclásticos, veneno
de un odio que no entiendo.
Sólo eres la ironía de un castigo.
Llegados a este punto, me da igual,
apenas te conozco.
Prefiero que apuñalen las miradas,
prefiero que desuelles mis pupilas,
que arranques su aureola
y tragues el acero,
el mismo que fundiste,
antes de ser Pompeya
en la fractura abierta a tu Vesubio,
jardín petrificado
del amor que tú no entiendes.