Perdóname, padre humano
Pues otra vez sucumbí
Al ignorante que fui,
Aquel escritor lejano
Que en la tinta, bien temprano
Era un niño de tristeza
Ensoñando la proeza
Que la noche le velaba
Tan oscura, y la callaba
Sin consuelo en mi cabeza.
Perdóname, padre amado
Pues otra vez estas horas
Tardías en las que lloras
Este niño abandonado
Son de otro tiempo pasado;
Enfrentadas cara a cara
Ya no me pesa la tara
Que lastraban desde el suelo,
Y ya no me traen desvelo
Si mi cielo las repara.
Perdóname ese abandono
Del niño que hemos criado
Tan inocente y amado,
Tan bello sobre su trono,
Tan frágil cantando el tono
De su risa a la silueta
Del vestido que sujeta
Por su preciosa canción
Cuando vibra de emoción
Y se convierte en poeta.
Perdóname, niño mío
Que vives bajo mi pecho
Seré tu lumbre y tu techo,
Te guardaré del vacío;
Te alejaré del hastío
Donde el corazón me guía
Donde siempre brilla el día,
Donde la voluntad arde
Cuando despira la tarde;
Donde todo es poesía.