Ya no me queda nada que decir
Pues ya lo he dicho todo bajo el ruido
Sin que oyeras palabra ni sonido
Ni llanto, ni lamento al escribir.
Ya no me queda más que sonreír
Lejano, indiferente en el olvido,
Y atar del corazón cada latido
Ahogado por la tinta hasta morir.
Ya no me queda nada, salvo huellas
Que llevan donde ya no queda nada;
Y mi alma se resiste a comprender
Que todo se ha marchado a las estrellas,
Que ya no hay luz de luna plateada,
Que no me queda nada que perder.