lunes, 14 de noviembre de 2022

Frontera

 

En Castilla no hay un cielo,

Pues cayó de la tormenta

De mis ojos más violenta

Al clavarse contra el suelo

Con el rayo, a cuyo vuelo

Quedó escrito en la pupila

Un destello donde enfila

Su desgarro en la mirada;

Y aunque ya no quede nada

Queda un ánima intranquila.


Hoy de nuevo este puñal

Hiere el cielo destejido

Y secuestra este sentido

De la vista, que abre en sal;

Mientras cae tras el umbral

Otro cielo más lejano

Que aquel cielo castellano,

De tormenta ya vencida

Cuyo trueno nunca olvida

En la tinta de la mano. 


Nunca dejo de escribirte

Su silencio en poesía,

Si te escribo todavía

Lo que no puedo decirte

Sin distancias, al sentirte

Tan lejana, si en tu frente

Ya ha caído cada puente

Que a tu lado me acercaba,

Si hoy mi letra es sólo esclava

De un suspiro muy paciente. 


En mi voz sigo sincero,

Si tan leve al esperarte

Me susurro bien aparte

Que entre los versos espero;

Y después siento que muero

Cuando te veo besar

Otro cielo de otro mar,

Aunque en el poema calla

Lo que al sentimiento estalla

Y yo no puedo acallar.


Ahora vives por aquel,

Dibujando en la planicie

De emociones la molicie

Que has desatado por él,

Mientras bebes de la miel

De sus labios, y en consuelo

Te refugias en el duelo

Que te aleja en el vacío.

Sólo queda un fuego frío

Donde ayer había anhelo.


En sus brazos tal vez celas

Tan feliz este momento.

Poco importa lo que siento.

Sólo importa que ahora vuelas

Persiguiendo las estelas

Que te llevan al futuro,

Abrazándote al seguro

Cielo en blanco, ni una nube

Que recuerde que sostuve

Lo que sentiste tan puro.


Puede que nunca regrese

Aquella luz que tuvimos,

Si acaso, alguna vez, fuimos.

Quizá mi pluma no cese

De escribirte cuando pese

El murmullo de tu ausencia,

Y tal vez es inocencia

Ensoñar que la distancia

Se recorta en resonancia

De apagada incandescencia.


Esperanzas que no importan

Cuando tal vez ya me olvidas.

Sé muy bien que en otras vidas

Otras estrellas aportan

Otra luz, y aunque me cortan

Como rocas afiladas

Estas letras escarpadas,

Ya no sangro cuando escribo

Silencioso el verso esquivo

De las lágrimas veladas.


Ya no escribo cuánto añoro

Sostenerte entre mis brazos

Dibujando entre los trazos

De tu rostro, en este coro,

Tu sonrisa, que atesoro

De un recuerdo tan querido;

Sólo escribo en el olvido

Lo que pierdo al recordarte

Porque no podré olvidarte

Aunque ya te haya perdido.