Llegaste en un momento tan extraño
Cuando era sólo un ascua mortecina
Atado al corazón por una espina
Clavada por la rosa del engaño.
No quise nunca hacerte ningún daño
Si yo siempre viví en aquella esquina
Y tú trajiste el astro que ilumina
El paso de un peldaño a otro peldaño
Llevándome noviembre al firmamento
Cediéndome la luz de las estrellas
Que en marzo fueran fuego colorido;
Y tal vez te marchaste con el viento
Dejando tu camino entre las huellas,
Y yo siempre sabré que te he querido.