Fantasma del asfalto impertinente,
de vista emponzoñada, de alma oscura,
torcido corazón de roca dura
y rayo de amargura disidente.
Patena de alquitrán sobre la frente
comulga aparentando ser humilde
usando sus espinas como tildes
y el barro deslizando entre los dientes.
El fondo de sus ojos yace muerto,
igual que el fondo negro en su garganta
y el cuerpo miserable, medio vivo.
Su rostro, siempre ajeno, es un injerto
cosido sobre el hoyo que atraganta
al huérfano del mundo, sin motivo.