El tiempo se detiene si te marchas.
Su aguja es sólo un remo en la bañera.
Las lágrimas se sienten como escarcha.
El sol se ha congelado en las vidrieras.
El tiempo ya no corre, solamente
desangra poco a poco su final.
No corre, ni camina, porque siente
que abraza tu recuerdo de cristal.
El tiempo ha tropezado en un descuido
rompiendo en mil pedazos el olvido
clavado al horizonte en tu mirada.
El tiempo se ha dormido en los andenes.
El hueco en nuestra cama lo contiene
suspirando tu voz a bocanadas.