Ser rayo que no canta
Ver que la luna se ha petrificado;
Roto el cielo, levanta
Un grito despechado,
Eco de este relámpago quebrado.
Un alma que resuena
Eterno gladiador de la tristeza
Somete toda pena;
Postrado en mi cabeza
Un coro de inertes leones reza.
Besando sus plegarias
Me abraza algún destello luminoso
Resonando en las arias
de aquel ángel hermoso
Por cuya luna sonrío dichoso.
Sobre el astro se posa
Un cisne de cien colas coronado;
Y en mi pecho rebosa
El canto delicado
Del ave, cuyas alas me han guiado.
Ya nunca desfallezco.
Por ella, el mundo está lleno de luz
Y en su destello crezco
También a contraluz;
¡A este poeta bajó de la cruz!
