Hoy sé que la voz del cielo
Duerme acunada en mis ojos,
Contemplo el celeste lienzo
Teñido entre sombras de rojo:
Matices de un dulce recuerdo
Que duerme en las hojas de oro
A tono de un leve destello.
Rebela entonces mi aliento
Besando la luz del Otoño,
En cuya mirada ahora vuelo
Por alas de un haz luminoso
Sentado a la sombra de un fresno,
Escucho una flauta sin rostro
Cantando temprano al invierno;
Será este susurro del viento
La nana que en suave reposo
Acuna el ocaso en su tempo.
Ahora duerme, envuelta en la mirada
Atenta del que viaja y no es viajero,
Duerme ahora, y despierta renovada
Tras caer
la última nieve
de enero.