Cada vez que miraba tus mejillas
Alzabas en mis ojos frágil vuelo
Riendo contenida con recelo
Y pronto desatada entre cosquillas;
Así yo me abrazaba a tus costillas
Tan pronto como el día trae desvelo,
Tan sólo por oír la voz del cielo
Saliendo de tus labios cuando brillas
Trayendo con tu risa la inocencia
Que guardas de la aurora, amaneceres
De azul tranquilidad y de consuelo.
Aunque ahora nos sintamos en ausencia
Recuerda siempre, Iris, que tú eres
La mujer más insólita del cielo.