A Omar
Brillamos entre sombras de ceniza
Reposo de unas llamas desbocadas
En falsas libertades
De este mundo que arde y no respira;
Un fuego levantándose en el viento
De un incendio fingido.
En sus lenguas se mezclan incoloras
Y ahogadas en ruidosa vanidad
Las palabras, casi extintas, casi brasas
De sombras todavía.
En medio de estas formas inconstantes
Alcanzo a contemplarte tan callado
A tientas, observando con las manos
Lo que arde en una vela tan humilde.
Así te veo, lumbre del vacío
Brillando muy sutil en la tormenta
Tejida entre relámpagos de llanto.
Te veo y tú me ves, y se despierta
El cálido susurro de un poema
Más libre que el incendio descarnado.
Te veo, leve luz, entre la nada
Si ofreces a la muerte tu sonrisa
Y ofreces a la vida tu sentido.
Te veo sobre el libro que regalas
Abierto a ser leído transparente
Abriendo el corazón de las palabras.
Y das en este ruido tu silencio
Brillando solamente en una vela;
Te veo aunque mis ojos no te miren.
El mundo es un incendio sin color
Sin luz, sin rostro, sin figura,
Y escribes en el aire
Los instantes que prende una cerilla.
Pero te veo, hermano,
Porque cuando te veo, al fin comprendo
Que una vela puede encender el mundo.