A Sofía
La nube con que callas a la nada,
La lluvia que ha nacido de tu frente,
Se teje sobre el cielo lentamente
Bordando y desbordando en tu mirada.
Tus cejas lo confiesan abatidas,
Enfrían de tus ojos el dorado
Ocaso en la tristeza congelado,
Invierno de las flores, de mi vida.
¿Tú dices —inocente— que lo ignore?
Me importa, si eres tú mi primavera,
Mi niña sempiterna, mi sincera
Y eterna dulce niña de las flores.
Así que no lo calles más, y eleva
El cielo que sostiene tu candor
Que no permitiré ningún dolor
Y no te habré dejado cuando llueva.
