sábado, 1 de abril de 2023

Testimonio de un poeta involucrado


A Sonia


Yo que era aquel novato de las liras

Luchaba contra el ritmo en este trance

Que quiebra el pie quebrado en cinco pasos

Y que es para el novicio todo un lance

Pues guarda endecasílabo su ritmo

Melódico, y en tónico sextante;

Y yo, que por mi métrica imprecisa

Apenas me alejaba del romance

Abriéndome en un falso verso libre

Cerrándome a rimarlo, pues en balde

Los versos daban sílabas forzadas

Violentas al romperse en el remate.


De pronto llegué a alguna cofradía

De locos describiendo disparates,

De espíritus tejiendo en la palabra

Las hebras con que visten los amantes,

De gatas y piratas y ladrones,

De flores y jardines y rosales,

Y algún contrabandista de sombreros

Vistiendo sus colores como traje;

Y yo, que era más diestro con las letras

Llegué más confiado por el arte

Mayor que me acercaba a los sonetos

Bien rematado en rima consonante.

 

¡Ay! Fui tan inocente, y fue fortuna

Que aquí estaba la gata más lïante:

Más que una veterana sonetista

Es reina de sonetos innegable,

Mujer tan gatométrica y honesta,

Esdrújula, mayúscula, y aparte

La diva que de vino deja huellas

De poesías más extravagantes;

Ella va siempre armada y peligrosa

Con la palabra, y lleva en su equipaje

Más leve y más profundo, lo sincero

Que con el corazón siempre comparte. 


De que hoy yo sólo exprese con sonetos

Lo que hace un año fuese algo impensable,

De armarme en destrozar las estructuras,

De darme en lo que escribo más coraje,

De ser una maestra, una mentora

Que guía algunos pasos de este viaje,

Y de ser, sobre todo, buena amiga;

De todos estos cargos es: culpable.