Yo no quiero escribirte una elegía
Ni ahöra en este sueño del entonces,
Ni luego en el vivir del todavía,
Ni nunca en el morir por cuánto llores;
Pues muere con tu aliento que respire
El trazo que inspiraste en más que amores,
Y no podré escribirlo si no encuentro
La estrella que llenaba mi horizonte,
Ni el agua que se agita por tu seno,
Ni el mundo que otros ojos no conocen
Abriéndose en la viva nebulosa
Velada tras la noche que lo esconde,
Ni el campo de amapolas, si marchito,
No ofrece de mi pluma los colores,
Ni el eco que es destello silencioso
Si deja de esquivarme tras el monte;
Ni el astro que traía poesía
Cayendo en cada línea que recoge
La voz de esta elegía nunca escrita
En este último verso en que reposes.
Mi pulso se estremece por pensarlo,
El llanto de mi pecho ya se rompe
Sintiendo que al faltarme tu voz suave
No quedarán palabras que me importen;
Es duro concebir que el mundo es frío
Si no hay un firmamento que lo arrope,
Es duro... Más difícil escribirlo
Si no quedan estrellas que lo borden;
Es duro imaginarse en el baldío
Jardín en el que ya no crecen flores
Nacido de este cielo que se arroja
Al mar cuando la lluvia lo evapore.
Por eso, amor, te pido que levantes
Tu rostro hacia las manos que lo tomen
Si alguna vez cayendo en el abismo
Te sientes arrastrada por sus voces;
Si alguna vez la vida te maltrata
Acuérdate de mí, mi dulce noche,
Que yo nunca me canso de mirarte:
Toda mi voluntad te corresponde.