lunes, 24 de abril de 2023

A quien no puede morir


Yo no quiero escribirte una elegía

Ni ahöra en este sueño del entonces,

Ni luego en el vivir del todavía,

Ni nunca en el morir por cuánto llores;


Pues muere con tu aliento que respire

El trazo que inspiraste en más que amores,

Y no podré escribirlo si no encuentro

La estrella que llenaba mi horizonte,


Ni el agua que se agita por tu seno,

Ni el mundo que otros ojos no conocen

Abriéndose en la viva nebulosa

Velada tras la noche que lo esconde,


Ni el campo de amapolas, si marchito,

No ofrece de mi pluma los colores,

Ni el eco que es destello silencioso

Si deja de esquivarme tras el monte;


Ni el astro que traía poesía

Cayendo en cada línea que recoge

La voz de esta elegía nunca escrita

En este último verso en que reposes.


Mi pulso se estremece por pensarlo,

El llanto de mi pecho ya se rompe

Sintiendo que al faltarme tu voz suave

No quedarán palabras que me importen;


Es duro concebir que el mundo es frío

Si no hay un firmamento que lo arrope,

Es duro... Más difícil escribirlo

Si no quedan estrellas que lo borden;


Es duro imaginarse en el baldío

Jardín en el que ya no crecen flores

Nacido de este cielo que se arroja

Al mar cuando la lluvia lo evapore.


Por eso, amor, te pido que levantes

Tu rostro hacia las manos que lo tomen

Si alguna vez cayendo en el abismo

Te sientes arrastrada por sus voces;


Si alguna vez la vida te maltrata

Acuérdate de mí, mi dulce noche,

Que yo nunca me canso de mirarte:

Toda mi voluntad te corresponde.