Sólo tú alimentas todo, mi vida:
El aire, cuyo fuelle da alimento
Al fuego de mi pecho, es solo viento
Que agitas con tu brisa más querida;
El agua, si en tus ojos siempre anida
Océano de estrellas y sustento,
Desborda en cada letra al sentimiento
Y borda la laguna que convida;
La tierra, siendo fuente de ambrosía
Imita en cada valle y cada monte
Los giros que le inspira tu silueta;
Y nace de ese fuego en tu horizonte
La luz que me alimenta cada día:
Mi Venus, dulce musa del poeta.