A Jorge Artero
Artero es sólo un nombre, no me engaña.
si a veces es traviesa su intención
su boca no conoce la artimaña,
su voz es siempre fiel al corazón.
Dirá que no es poeta, y con sus años
dirá también que es viejo: no lo creo.
El verso joven nunca le es extraño:
barroca es su razón y su deseo.
En labios de sus títeres, el alma
escribe a remolinos en la palma
bailando su teatro omnipresente.
Le llamaré San Jorge, que es su nombre,
pues mueren los dragones ante el hombre
que arroja luz en todo lo que siente.