Quizá no habré cantado todavía
la nana en la que bailan los caminos,
pero ella da sentido a la armonía
y teje en partituras mi destino.
Sus fuerzas de marea son mi guía,
mi mapa está en su manto azul marino,
mi hallazgo es encontrarla a mediodía,
mi brújula es su rostro de platino.
Amarla es semejante a una victoria
y ser al mismo tiempo marioneta
esclava de su atmósfera de perla.
En ella mueren todas las historias;
por ella morirán tantos poetas
que morirá la muerte por tenerla.