Se escucha como de ánimas los gritos
A un lado y otro lado de la vía,
Son ecos que nos dejan los cabritos
Despiertos a dos horas de otro día.
Las seis de la mañana da el chivato.
Un hombre se levanta, va en gayumbos
Y aviva el griterío: "voy y os mato,
Que hace sólo tres horas que me tumbo
Y en una me levanto, hijos de puta"
—Yo apenas lo comprendo, mas no escapa
Insulto tan sonoro a mis oídos.
El grupo escandaloso ni se inmuta,
Y el tren de madrugada se solapa:
Ni Dios puede dormir con este ruido.