Un alma, sólo un alma en siete bolsas
Se esfuma bajo el peso de un viajero
Abierta en el carmín descolorido
Del blando cascarón contra el acero.
Un grito, sólo un grito de la nada
Se enhebra en el ojal de fondo negro
Crepita entre la aguja y cada rueda
Clavando a contratiempo su sendero.
Un rostro, sólo un rostro que contempla
El pálido dolor de otro silencio;
Relumbra entre los ojos una llama
Y el alma deslizando bajo el fuego.
¡Ay, pobre del que habita en aquel rostro!
¡Ay, pobre del que fuese aquel barquero!
Hoy eres el verdugo involuntario
Del alma que has segado sin quererlo.
Un alma, sólo un alma en siete bolsas,
Fantasma que atormenta otro recuerdo,
Condena de las manos inocentes,
Vestigios de quien vive casi muerto.