Quizá no entiendo bien lo que sucede,
Quizá sólo me pierdo en entenderlo,
Tan ronca voluntad con poco puede
Si no puedo escuchar ni puedo verlo,
Y pronto en el abismo el alma cede
Y tarde me despierto a contenerlo;
Ceguera que deslumbra silenciosa,
Martirio de no hacer ninguna cosa.
No lucho contra el tiempo, ni respondo
A tientas a su rápida llamada,
No lucho en la desidia de mi fondo
Ni dejo que se escape hacia la nada,
No lucho, ni me rindo, ni me escondo,
Es tregua belicosa, paz armada,
Sordera que estremece un blando trueno
Tan lento recibido, ya sereno.
Espero en esta piedra alguna llama,
Un rastro, algún retazo que dé auxilio
Al alma que yaciente en esta cama
Deshace cada forma en este exilio,
espero en esta celda que derrama
La dulce libertad, el reconcilio
Del tacto contra el golpe que no duele
Ardor en cada noche que desvele.
Y sé que en el final la llama llega
Como una salvadora renacida
Brotando de la fuente con que riega
La misma voluntad que fue perdida;
Y temo que me llegue antes la siega
Tan cerca a germinar en esta vida,
No sea así el color de mi sentido
El blanco regresar que es el olvido.