martes, 21 de febrero de 2023

Heracles de Aragón


A mi abuelo, Manuel.


Abriéndose camino entre la hierba

La luna levantada por su mano

Dibuja otro sendero en su frontera.


Un corte duro, blanco como un rayo

Le sigue como el trueno que reclama

Bramando en el susurro más calmado. 


Dorado, reverdece contra el cielo

Que llora de sus ojos, el ocaso

De un héroe más fiero que ninguno.


Eterno luchador, jamás retado,

Su espada, aquella luz que nunca duerme

Su arena, aquel jardín abandonado. 


Orgullo da a su voz el mismo cierzo

Su pecho habita un Ebro desbordando

La llama de su fuerza aragonesa.


Alzando la cabeza como un bravo

Pelea sin perder su último aliento

Y vence donde tantos han fallado.


Pelea sin temor ni retirada

Y arroja contra el cielo, rebelado,

Su gesto en desafío más ardiente.


La bóveda se enciende por mirarlo,

Más alta, más extensa, lo contempla

Callando en un silencio desatado.


Tan rápida desciende en este encuentro

La noche, que acostándose a su lado

Le lleva en un suspiro a las estrellas.


Tan rápido él asciende en este ocaso

Bordándole su nombre al firmamento:

Heracles de Aragón glorificado.


Los valles de su tierra le acompañan

Las nieves de sus montes levantados

Las lluvias que recoge su voz suave.


Y el cielo ya lo acoge con su abrazo,

Y el mundo ya lo llora como un ángel;

Y él brilla bajo el pórtico estrellado.