Se escribe en tinta negra lo que guarda
La noche golpeando los cristales
Teñida de tormenta en nube parda
Salvaje por relámpagos que tales
Temores me suscitan, y no tarda
En dar contra mi sueño en estos males
El rostro de una amarga pesadilla
Tan lívido, e inmóvil, mientras chilla.
El grito que me alcanza en ese instante
Rompiendo mi garganta en estallido
Al verlo tan cercano y tan distante
Mirando en el cristal descolorido
Me deja bien confuso y vacilante
Si tal vez me ha engañado algún sentido,
Pues otro rayo alumbra la velada
Y miro en el cristal: allí no hay nada.
Me acerco a la ventana, de reojo,
Y escucho como brama la tormenta
Quebrando el huracán con gran enojo
Los huesos de otro rayo que le enfrenta
Y se abre de repente aquel cerrojo
Mezclándome en escena tan violenta;
Entonces, como alguna mano muerta,
De un pálido amarillo, abre la puerta.
Abriendo bien los ojos, y cerrando
La herida en el cristal de mi ventana
Me acerco hasta la puerta aún temblando
Cantando contra el viento alguna nana,
Y veo el rostro gélido, mirando
Inmóvil, con su vista fija, plana
Oculto tras el marco. Yo me aferro
Al pomo, mientras de un portazo cierro.
A término de un gesto tan veloz
Escucho tres latidos inseguros
Helándome la sangre en miedo atroz,
Llamando nuevamente, más oscuros
"Ábreme Iván", susurra alguna voz
Tentando mi respuesta a sus conjuros:
Me acerco, y abro, y veo en el umbral
El rostro que acechaba en el cristal.
Torciéndose en extraño movimiento
El trémulo contorno me estremece
Si oscila entre la risa y el lamento,
Si más lo miro, y más la noche crece;
Entonces, de este abismo en el momento
El rostro del Demonio se aparece
Llevándome consigo hasta el Infierno:
Allí escribo este poema sempiterno.
Que Satanás se apiade de aquel alma
Leyendo en estos versos que aquí he escrito
Pues todo aquel que lea de mi palma
En tinta negra quedará maldito,
Y sólo al escribir hallará calma
Ya que es el pasatiempo favorito
Del Demonio, en la noche más sombría,
Tentar en los poetas, poesía.
Iván, Cornetilla del Infierno