
Su ausencia despierta la noche en mi recuerdo.
Las estrellas hablan en aciago silencio.
El cielo se vuelve un desierto infinito.
Muere el piano y yo sólo grito
la azul melodía vibrando en mis dedos.
Entonces vuelve su rostro y brilla presente.
Entonces invade mi alma y vela mi mente.
Entonces tienta mis ojos y siento su fuente.
Entonces inspira las teclas rebeldes.
Por ella, los días pasan.
Y yo paso vagando entre sus blancos pentagramas.
Y el reflejo apagado despierta en el cielo.
Y siempre la veo: la Luna esperada.
Y siempre la veo: la Luna esperada.
Y siempre la siento. Mi alma derramada,
Y su rostro pidiendo el calor de mis dedos.
Mi amada Luna...
Y su rostro pidiendo el calor de mis dedos.
Mi amada Luna...
Iván, El Vagabundo
Para Eugenia, Amada Luna