Como el mar, que refleja lo que ve,
dibujo santüarios en la sal,
polillas luminosas sobre acero,
hambrientas, siempre hambrientas, de la luna.
Camino con los ojos y las manos
trazando, entre sus alas, nebulosas,
sonámbulo y sin sueños, vagabundo,
a tientas, encallando lentamente.
Camino hacia la noche de otros ojos
sin brújula, perdido en el color
disuelto en la marea de una lágrima.
Igual que un astronauta a la deriva
soy náufrago de un mundo sin amarras,
y todas mis corrientes van al sur.