Escribo en tinta roja todavía
Sangrando cicatrices que no siento
Pues este corazón será redento
Si busca perdonarse cada día.
No es fácil renegar esta agonía,
Mas no estoy indefenso al pentimento:
No cabe ningún llanto ni lamento
Allí donde me abraces, Madre Mía.
En este abrazo tuyo me confío,
Me arropa ante la noche que atormenta
El buen sueño sagrado de cariño.
No siento ya dolor, tampoco frío;
Tan sólo tu mirada me alimenta,
Tan sólo que me cantes como a un niño.